Imperfecciones de frutas y verduras, daños ambientales y desperdicio de alimentos

Radio Santa Cruz
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Las imperfecciones naturales de las frutas y verduras, debido a la desinformación y el prejuicio de la población, son sometidas a un juicio estético que repercute en el desperdicio y la pérdida de alimentos a nivel mundial, causando brutales daños medioambientales.

Los datos hablan: 715 millones de toneladas de frutas y verduras se desperdician anualmente en el mundo, señala en declaraciones a Efeverde el representante en México de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Crispim Moreira.

Insiste en que la calidad del alimento no cambia, pero la sensibilización de la gente tampoco.

En la naturaleza no existe la perfección, por lo que no es raro que las zanahorias puedan crecer desfiguradas, una patata pueda no ser redonda o presentar manchas, y los plátanos tiendan a madurar deprisa y ennegrecerse.

Todos ellos son hechos que inciden en “el criterio del consumidor” y, más veces de las deseadas, despiertan rechazo a sus ojos.

“Lo más importante que debe entender la gente es que la calidad del alimento no cambia. Feo, descolorido, deformado, grande, pequeño; la calidad nutricional es la misma”, insiste por su parte Moreira.

Para cambiar esto, se necesita “sensibilización y educación alimentaria”, una labor en la que deben contribuir tanto sociedad civil como instituciones gubernamentales, sin olvidar a los productores de alimentos.

Y es que los mercados cada vez demandan productos más homogéneos y estéticos, algo que, aunado a la creciente competencia en zonas urbanas, motiva a los minoristas a ofrecer y seleccionar alimentos con mejor aspecto para seducir al consumidor.

Si no se toman medidas, según Moreira, “el ciudadano nunca va a saber que no consumir una zanahoria o un plátano deformado constituye un problema de salud pública, ambiental y económico”.

A nivel mundial se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos anualmente, pérdidas que representan una área de cultivo equivalente a la basta superficie de Canadá e India juntas.

El agua tampoco escapa a los estragos del desperdicio de alimentos. Según datos de la FAO, producir un tomate cuesta 13 litros de agua; una patata, 25, y una manzana, 70.

Sin embargo, si nos vamos a alimentos más lujosos como el vino las cifras se elevan, necesitándose 120 litros de agua para producir una sola copa.

La carne se lleva la peor parte, requiriendo la desorbitada cantidad de 15.000 litros de agua para producir un kilogramo.

Por su parte la coordinadora de la iniciativa de la FAO para la Reducción de Pérdidas de Alimentos en México, Daniela Ruehl, cuenta a Efeverde que se ha detectado un cambio de hábitos en las familias que desemboca en más desperdicio.

“Las familias ya no tienen la tienda cerca, sino que hacen la compra dos veces al mes y para un tiempo largo; entonces ya no compran el tomate más maduro, sino que compran el que tiene más vida de anaquel, por lo que esos tomates más maduros se quedan en el supermercado y se desperdician”, explica.

La FAO estima que los alimentos desperdiciados en América Latina serían suficientes para satisfacer las necesidades alimentarias de 300 millones de personas.

Moreira concluye asegurando que, si el consumidor obtiene este tipo de información, a la fuerza tiene que ser consciente, aunque no sea el único responsable, ya que las pérdidas de alimentos se presentan en todas las etapas de la producción, desde su cultivo hasta que llega a manos del consumidor.

EFEverde