Necesitamos avanzar en la producción responsable de alimentos

Radio Santa Cruz
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El secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, cuestionó está semana a los Estados que, a pesar de haber firmado el acuerdo de Paris contra el cambio climático, continúan subvencionando combustibles fósiles, como los hidrocarburos, e invirtiendo en mega obras sin preocuparse en sus consecuencias ambientales.

El mundo es consciente que debemos de cambiar nuestra forma de ver el desarrollo, los seres humanos tenemos derecho a vivir bien, pero si es a costa de la depredación inconsciente de los recursos del planeta, nuestra calidad de vida no va a mejorar, por el contrario, se va reducir al ritmo que decaigan los ecosistemas que nos rodean.

Esta semana en Santa Cruz y en el mundo se desarrollan una serie de actividades en contra del uso de los transgénicos y los agrotóxicos. Un tema muy en boga en nuestro país por el cabildeo de sectores empresariales, e incluso pequeños y medianos productores, para que se permita el uso de las semillas transgénicas.

Más allá de que no se haya comprobado fehacientemente que los productos transgénicos sean potencialmente peligrosos para la salud humana, según se dice gracias al intervencionismo de las grandes empresas transnacionales que los producen, no sucede lo mismo con sus fieles acompañantes, los agrotóxicos, que causan enfermedades en quienes los utilizan y además contaminan la tierra, el agua y los alimentos. De hecho la OMS declaró al glifosato como potencialmente cancerígeno.

Los transgénicos pondrían en peligro también a las variedades nativas de cultivos que existen en nuestro país, pues pueden contaminarlas. La normativa vigente en el país prohíbe el ingreso de semillas transgénicas para evitar la contaminación de cultivos originarios de nuestro territorio, sin embargo, ya existen cultivos de maíz transgénico.

Ante esta realidad, es necesario que la sociedad civil se informe y decida. De eso se trata la soberanía alimentaria, de que cada ciudadana y ciudadano tenga el derecho a elegir si quiere alimentos sanos y producidos de forma sostenible o dejar que los agroempresarios y las empresas transnacionales decidan lo que llega a nuestra mesa.