Conozca las esperanzas de los estudiantes del Maestro en Casa en el Centro de Rehabilitación Peniel

Maestro en Casa
Typography

En el cantón Paurito del municipio de Santa Cruz de la Sierra, se encuentra el Centro de Rehabilitación Peniel, allí cada martes los internos que son estudiantes del Maestro en Casa se reúnen para su encuentro presencial semanal con el maestro guía, llenos de esperanza por lograr una vida mejor.

Uno de esos estudiantes es Armi Prieto, un joven de 23 años oriundo de Roboré que se encuentra en silla de ruedas, luego de sufrir agresiones como consecuencia de la vida de drogadicción y alcoholismo que llevaba.

IMG 20160928 WA0004

 

Armi siente que tiene una oportunidad para cambiar de vida, “tenía dificultades para leer y escribir…ya que estamos intentando cambiar de vida porque no aprovechar para poder estudiar y ser alguien en la vida”, es su esperanzador pensamiento.

La idea de este joven es culminar sus estudios con Fundación IRFA para luego estudiar teología, actualmente cursa 3ro y 4to de aprendizajes elementales y además en el Centro Peniel se dedica a elaborar artesanía.

“Tenía un poco de complejo para volver a estudiar por mi edad, pero viendo esta oportunidad me animé y me está ayudando mucho a leer y escribir, a las personas que piensan que no se puede yo les digo que sí se puede y que aprovechen la oportunidad que nos da IRFA”, es el mensaje que nos deja.

En el espacioso Centro Peniel nos encontramos también con Víctor Hugo Villarroel, un hombre de 39 años que reconoce que estudió hasta 5to básico en la educación formal y que las drogas lo alejaron de los libros, lápices y cuadernos.

IMG 20160928 WA0001

“Elay estamos aprovechando el momento para poder aprender un poco más”, nos dice Víctor Hugo con el tradicional acento de que quienes son oriundos del oriente boliviano. Asegura que la actividad que más le agrada hacer en el centro de rehabilitación es la agricultura.

Víctor Hugo se siente agradecido con Dios, Centro Peniel y Fundación IRFA por poder continuar estudiando y sueña con ser agricultor, “no hay excusas, tengo 39 años y no me da vergüenza aprender porque nunca es tarde, nunca perdí las esperanzas también de salir de la drogadicción y de la delincuencia”, es el mensaje que expresa para cerrar nuestra conversación.

Texto: Julio Rodríguez Barrancos
Foto: Fundación IRFA